Primera señal: alguien imprime un documento solo para firmarlo, escanearlo y enviarlo por correo.
Segunda señal: para saber si un cliente recibió una comunicación, hay que llamar a mensajería o buscar la guía.
Tercera señal: el archivo físico crece cada año y nadie recuerda dónde está cada expediente.
Cuarta señal: los plazos de respuesta a peticiones, quejas o reclamos se controlan en una hoja de cálculo que depende de una sola persona.
Quinta señal: cuando llega una auditoría, el equipo pasa días reuniendo evidencia que debería estar a un clic.
Nada de esto se arregla comprando más archivadores. Se resuelve digitalizando el flujo completo: crear, enviar, probar la entrega, archivar y consultar.